Matriarcas de la artesanía

La representación femenina en las artesanías ha producido un legado extenso de generaciones que continúan el amor por este trabajo, componiendo una parte integral de nuestra cultura.

En Puerto Rico la artesanía se remonta a la época indígena. La historia asegura que las mujeres protagonizaron la creación de vasijas, textiles y otras herramientas para uso doméstico y ceremonial. Más adelante en el tiempo, Mariana Bracetti Cuevas fue la primera mujer registrada en elaborar una obra artesanal con el bordado de la bandera nacional izada durante el Grito de Lares en 1868. Hoy, es la bandera representativa de dicho pueblo.

Las madres artesanas se han encargado de crear un linaje que preserva su labor de vida. Entre ellas, se encuentra la perseverancia de Nitza Aquino, quien a pesar de los estragos que causó el huracán María en su vivienda, continúa el llamado artesanal. Su taller estaba ubicado en los bajos de aquella casa que el temporal hizo inhabitable. Actualmente vive junto a su esposo en un espacio provisional mientras se restaura su hogar.

“La única ventaja que tengo es que el tallador corta un pedazo de madera y se sienta frente a la playa. Tenemos ese beneficio”, expresó Aquino, acompañada por su hija más joven, Nelitza Vázquez Aquino, quien hoy es artista gráfica digital y, al igual que su mamá, aprendió el arte de la talla.

“Ella talla también sus piezas y ha ido a concursos y todo. Lo que pasa es que cuando yo estoy medio ajorá’ ella me ayuda”, contó Aquino entre risas.

Luego de la maternidad, la artesana compartió que la temática de su trabajo se ligó a los temas de la mujer, entre ellas las advocaciones a la virgen. La artista comentó que también le interesa el ecosistema y la conservación ambiental.

Aquino fue maestra de español para la población con rezago académico y educación especial por 32 años, y durante 25 de estos, también trabajó paralelamente como artesana.

“Llevé el arte y la artesanía al salón de clase. Los niños de educación especial son maravillosos. A ellos les encantan las artes. Utilizaba ese instrumento para enseñar”, subrayó Aquino. Aunque ya retirada de esta profesión, la siempre educadora ha creado de la talla en madera un medio para enseñar sobre el contenido de sus piezas en las ferias y eventos en los que expone sus trabajos.

Otra artesana conectada a la enseñanza lo es Carmen Jiménez Rosa, experta en los renglones de muñecas de trapo, caballitos de palo y marionetas. Jiménez Rosa, quien lleva 50 años de gestión, es residente del pueblo de Barranquitas y dedicada al cuidado diario de su madre. Ha dado cursos en la Congregación Mita, en el Municipio de San Juan, en el Instituto de Cultura Puertorriqueña y en otros espacios educativos. Actualmente imparte clases los martes en el centro comercial Plaza del Caribe en Ponce.

“¡Ellas son locas con uno!”, enfatizó sobre la mayoría de las alumnas que han pasado por sus manos y quienes hoy se reencuentran en las ferias de artesanías.

“En cuarto grado ya yo hice una faldita para vendérsela a una amiguita. Me acuerdo que le cobré una peseta”, expresó felizmente la artesana sobre su primera venta. Jiménez Rosa es madre de tres hijas, quienes, al igual que sus exalumnas, se encuentran en los eventos artesanales. Claro está, cada una con su mesa de creaciones.

“Cuando nacen mis niñas, pues fue una bendición, porque yo las entretenía con las mismas artesanías que yo hacía. Yo les daba pedazos de tela, yo les daba agujitas, yo les daba tijera y ellas fueron bien creativas. Llegó un momento en el que cuando mi nena mayor necesitó de un carro, hacía cien caballos, vendía los caballos en la feria y sacaba el pagaré”, orgullosamente narró.

En el caso de Iris Torres, madre de 3 hijos en Orocovis, ha dedicado 48 años ininterrumpidos a la talla de santos en hueso, madera y corozo. Su amor patrio es infinito, y así mismo lo pasó hacia adelante.

“Tu compartes con ellos todo el tiempo, le enseñas el valor de la artesanía, el valor cultural, no el valor monetario. Yo prefería que estuvieran con nosotros. Tengo fotos y todo de cuando ellos estaban en las ferias del parque (Luis) Muñoz Rivera. En aquel entonces La Hermandad era la que nos agrupaba”, narró la santera, quien forma parte del círculo familiar de Don Celestino Avilés, gran propulsor de la talla de Santos y creador del Encuentro de Talladores en el mismo pueblo.

Torres contrajo matrimonio con Rafael Avilés, parte de la segunda generación de Don Celestino y, de ahí en adelante, dedicó su vida a la talla. Se pudiera decir que Torres comparte taller junto a su hijo, Gabriel Avilés Torres, desde que este nació.

“Yo salí para una feria en San Germán (en cinta de) Gabriel en los ochenta y me dieron los dolores y me tuvieron que llevar a Mayagüez a parir. Nada, a los dos días estaba otra vez con el muchacho en la feria”, contó.

El legado que dejan estas y otras madres artesanas es incalculable, porque acentúan el esfuerzo de mujeres que mantienen viva la tradición de la artesanía en Puerto Rico.